miércoles, 15 de enero de 2014

DESCARTES: COGITO ERGO SUM (REGLA DE LA EVIDENCIA)

Cogito ergo sum 

(Regla de la evidencia) 

 


El "cogito ergo sum" es una idea que plantea Descartes (1596-1650) tanto en sus Meditaciones Metafísicas como en el Discurso del Método. Se trata de la conclusión (o, más bien, del único superviviente) a una ejercicio de puesta en cuestión sistemática de todas las ideas preconcebidas que tiene el autor.

Esta actividad de duda se plantea en el inicio la primera de las Meditaciones Metafísicas de la siguiente manera:

"He advertido hace a algún tiempo que, desde mi más temprana edad, había admitido como verdaderas muchas opiniones falsas, y que lo edificado después sobre cimientos tan poco sólidos tenía que ser por fuerza muy dudoso e incierto; de suerte que me era preciso emprender seriamente, una vez en la vida, la tarea de deshacerme de todas las opiniones a las que hasta entonces había dado crédito, y empezar de nuevo desde los fundamentos, si quería establecer algo firme y constante en las ciencias"

Partiendo de aquí, el filósofo va descartando como verdades incuestionables todas las informaciones que nos ofrecen los sentidos, ya que estos nos engañan a menudo, como cuando soñamos. Poco a poco esta "demolición" avanza hasta que Descartes se desprende de todas sus convicciones hasta quedarse con una sola, la cual no consigue cuestionar: la de su propia existencia, en la medida en que verdaderos o falsos, algunos pensamientos se están produciendo y, por tanto, debe existir alguien que los produzca.

"Cogito ergo sum" significa precisamente esto: pienso, luego existo; y será el pilar a partir del cual comenzará la "reconstrucción" del conocimiento.

Al final de la segunda de las meditaciones Descartes llega a una conclusión que, si bien no es más que una extensión de ese "cogito ergo sum", no deja de impresionar por su actualidad:

"Pues bien, si el conocimiento de la cera parece ser más claro y distinto después de llegar a él, no sólo por la vista y el tacto, sino por muchas más causas, ¿con cuánta mayor evidencia, distinción y claridad no me conoceré a mí mismo, puesto que todas las razones que sirven para conocer y concebir la naturaleza de la cera, o de cualquier otro cuerpo, prueban aun mejor la naturaleza de mi espíritu?"

Es decir: todo conocimiento es también conocimiento de uno mismo, idea que implica una profunda modernidad del pensamiento cartesiano, en que el sujeto adquiere una importancia mayúscula y empieza a desplazar la preponderancia que Dios y la religión habían tenido durante toda la Edad Media. Esto no implica que el autor sea subjetivista o, incluso, que deje de lado la religiosidad. De hecho, en el propio Discurso del Método se presenta una serie de argumentos para probar la existencia de Dios. En el pensamiento científico de Descartes, se manifiesta también esta religiosidad: como indica Miguel A. Granada en El umbral de la modernidad, Dios es entendido por Descartes como fundamento mismo de la matemática y la lógica. Aun así, el método cartesiano, ese método de duda constante, que da como fruto la afirmación del "cogito ergo sum" puede considerarse mucho más científico que medieval, ya que implica la búsqueda de la verdad a partir de un análisis crítico que ha de seguir el sujeto basándose en su propio razonamiento lógico, sin recurrir ni a la fe, ni a ninguna clase de texto dogmático.

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